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Mujeres Alquimistas: La herencia de las “brujas” a lo largo de la historia

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Magia Natural

Mujeres Alquimistas: La herencia de las “brujas” a lo largo de la historia

La posición social de la mujer –sometida y marginada bajo el patriarcado– ha reducido la mayor parte de la información a breves noticias puntuales. Pero estas documentan, la existencia de muchas mujeres atraídas por el proceso alquímico.

Arte Sagrado

Las prácticas entre alambiques y hornos no han sido una tarea exclusiva del sexo masculino. Algunas fueron auténticas pioneras de la química moderna. Y muchas más, arriesgaron su economía y, en ocasiones, su propia vida por trabajar en los laboratorios.

Hacia el 1.200 antes de Cristo, Tapputi Belatekallim:(click aquí para ver el breve video, te lo recomiendo) es considerada la primera química de la historia. Era una fabricante de perfumes mencionada en una tablilla en escritura cuneiforme datada alrededor del 1200 a. C. en la Mesopotamia babilónica.​ Usaba flores, aceite y cálamo junto con cyperus, mirra y bálsamo desarrolló determinadas técnicas químicas para la producción de perfumes y cosméticos en la antigua Babilonia.

Nos encontraríamos ante la primera reseña histórica que relaciona a una mujer con las prácticas propias de los herreros y alquimistas varones. Pero no es la única. La historia registra numerosos casos similares.

Inventora incansable

Ya en tiempos más modernos, la más conocida es María la Judía, conocida también como María la Hebrea e incluso como Míriam la Profetisa, a quien podemos declarar como la primera mujer científica de la historia. Sus trabajos en el mundo de la alquimia han llegado a nuestros tiempos a través de los escritos que se han encontrado, donde era tildada de “sabia”. Gracias a ellos sabemos a día de hoy que María la Judía inventó aparatos destinados a la destilación y a la sublimación, y que el proceso de calentar un producto al “baño María” tal y como lo hacemos hoy se lo debemos a ella.

María la Judía trabajó con todo tipo de elementos y además definió el peligro del mercurio como elemento venenoso. A ella se le atribuye la fabricación del tribikos, un objeto para el proceso químico de la destilación con el que consiguió separar líquido de los residuos no volátiles como en el caso del agua de azufre (aunque cabe destacar que en esa época se le llamaba así a cualquier sustancia inflamable así que no se sabe a ciencia cierta a qué elemento se refería).

Compiladoras de Secretos

Durante el Renacimiento comienzan a aparecer en Europa textos impresos dedicados al arte alquímico escritos por mujeres. El más antiguo tiene el sugerente título de “I secreti” (Los secretos, 1.561) y su autora es la enigmática Isabella Cortese.

Son muy escasos los datos biográficos conocidos de esta fémina, que al parecer perteneció a la nobleza veneciana y que dedicó su obra a su amado hermano, el archidiácono de Ragusa. En su obra afirma que viajó extensamente por Europa Oriental, donde aprendió las artes de la alquimia. A través de las páginas de sus “Secreti” se muestra como una ávida practicante del gran arte.

No en vano dedicó más de treinta años a su estudio. Pero el interés de la Cortese no era la obtención de la piedra filosofal, fin último de la tradición mística, sino la fabricación de perfumes, cosméticos, perlas artificiales, aceites y esencias. Al publicar las recetas conseguidas a lo largo de los años pretendía introducir a las grandes damas de su tiempo en el interés y el ejercicio de la alquimia, con el objetivo de que elaboraran sus propias joyas y perfumes

La obra de Isabella Cortese se inscribe en la llamada “literatura de secretos”: compilaciones de recetas y fórmulas de marcado carácter alquímico que se clasificaban, según su utilidad, en medicinales, domésticas y técnicas. Las primeras recogían recetas para todo tipo de enfermedades, si bien no tenían ninguna relación con las recopiladas en farmacopeas y tratados de medicina convencionales..

“Los Secretos” están divididos en tres apartados: el primero se dedica a los remedios de naturaleza médica; el segundo, a lo que hoy podríamos llamar química industrial; y el tercero, a la cosmética.

Contra los Convencionalismos

La tradición científica de estas mujeres se amplía en el siglo XVII, debido al aumento de prácticas químicas y al descubrimiento de nuevas substancias. Una de ellas es la polifacética Marie le Jars de Gournay (1.565-1.645), nacida en el seno de una familia acomodada y todo un símbolo de la cultura francesa del XVII.

Los viajes, las traducciones (entre otros, de epigramas de la poetisa griega Safo) y la redacción de tratados poéticos o ensayos sobre la igualdad entre hombres y mujeres ocuparon el resto de su vida. Haciendo frente a los convencionalismos de la época, decidió no casarse.

A los 50 años escribió un breve apunte de sus años jóvenes, titulado “La copie de la vie de la Demoiselle de Gournay” (“Imitación de la vida de la señorita de Gournay”), donde cuenta sus experimentos químicos y responde a aquellos que la atacaban diciendo que no era propio de una dama observar las proporciones de una buena cocción.

Defenderá un sistema educativo que incluya a las mujeres en la vida pública

Contemporánea de Mademoiselle de Gournay fue Marie Meurdrac, autora de “La Chymie charitable et facile en favour des dames” (“La química comprensible y fácil en favor de las señoras”, 1.665-1.666), considerado el primer tratado de química escrito por una mujer.

En sus propias palabras: “La objeción que yo me hacía a mí misma era no seguir con la enseñanza de ser mujer; que debe permanecer callada, escuchar y aprender, sin demostrar lo que sabe; que publicar una obra está por encima de su condición; que, habitualmente, eso no contribuye a su buena reputación, pues los hombres desprecian y desaprueban siempre el producto de la mente femenina…” Estaba persuadida, por otro lado, de no ser la primera o, por alguna razón, que la mente no tiene sexo; que, si las mujeres fuesen cultivadas como los hombres y si se emplease tanto tiempo y medios en instruirlas, podrían igualarlos”.

La obra de Meurdrac es uno de los pocos tratados alquímicos que pueden considerarse precursores de la química.

La Tradición Española

Las españolas no permanecieron al margen de los estudios alquímicos, si bien no publicaron textos que hayan llegado hasta nosotros.

Muchas de las referencias se encuentran entre la multitud de procesos inquisitoriales conservados en los archivos españoles.

Uno de ellos, en concreto, describe el laboratorio bien pertrechado de pócimas y ungüentos mágicos perteneciente a María Sánchez de la Rosa, notable hechicera madrileña procesada por el Santo Oficio a finales del siglo XVII.

María era capaz de curar tanto enfermedades de carácter sobrenatural (por ejemplo, podía deshacer hechizos) como otras de causa natural, tales como el mal de orina o las hernias.

Se especializó en el tratamiento del “morbo gálico”, una enfermedad venérea cuya variante actual se conoce como sífilis.

María curaba a estos enfermos con píldoras fabricadas por ella misma a partir de simples vegetales y minerales que guardaba en casa: hojas de sen, anís, mercurio dulce, aguafuerte, azogue y acíbar. Según declaró ante el tribunal, esta composición procedía de una receta comprada a un hombre extranjero por cuarenta y dos doblones.

La presencia en esta composición de azogue (o mercurio) no es sorprendente porque era un ingrediente común para el tratamiento del morbo gálico en el marco de la medicina académica.

Otro remedio que María empleaba frecuentemente era el ungüento de unciones (mercuriales) que conseguía del Hospital Antón Martín, una institución asistencial madrileña .especializada en enfermedades venéreas, que dio nombre a una conocida plaza de la ciudad.

El caso de María Sánchez de la Rosa es extraordinario por la riqueza de la documentación judicial que nos permite reconstruir tantos detalles de su vida, pero sería un error considerarla como un caso excepcional y singular en su época. Como María, fueron muchas las mujeres artesanas y trabajadoras que se dedicaron, entre otras cosas, a curar en el centro de las capitales y ciudades europeas.

Maria Rosa

Pese a todos los casos descritos, la relación de la mujer con la alquimia proyecta una imagen pasiva y subordinada a la del varón.

En la literatura alquímica de todos los tiempos, destaca sobre todo el arquetipo de la soror mystica, creado por Cagliostro para distinguir a su compañera Lorenzana Feliciani, y que reduce el papel de las mujeres a simples inspiradoras y apoyo espiritual del hombre alquimista.

Es evidente que el rol habitualmente pasivo al que han sido relegadas las féminas dentro del desarrollo científico europeo, hasta bien entrado el siglo XX, también se ha observado en el arte hermético.

En este sentido, estamos ante una historia ignorada, difícil de rescatar del olvido por la carencia de fuentes documentales suficientes. Quizás, en algunos casos intencionadas, pero cuyo calado podemos intuir a través de los fragmentos testimoniales que se han conservado.

Si sientes iteres por entender mas a fondo sobre el importante papel de la mujer bruja alquimsta y curandera, te invito a leer “El Caliban y la Bruja” donde aprenderás sobre la caza de brujas en Europa y como eso configura el patriarcado a lo largo de los siglos.

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